La importancia de cumplir y seguir el tratamiento para evitar recaídas

Realizar un mantenimiento de nuestra piel es clave en la Dermatitis Atópica

“¿De pequeña yo también tenía Dermatitis Atópica, es culpa mía que mi hijo también sufra de atopia?”. “Mi piel es muy sensible, mi hijo ha heredado eso de mí?”. “Por qué, si yo no tengo nada, ¿él lo tiene?”. “¿Se curará la Dermatitis Atópica de mi hijo/a?”. “¿Hasta cuándo tengo que usar las cremas?”.

Todas ellas son preguntas frecuentes en los pacientes con atopia. Y todas ellas justificadas.

La Dermatitis Atópica es una condición que quien la sufre ve alterada su función de barrera de la piel. La piel nos hace. La piel nos separa del mundo exterior. Mantiene nuestro cuerpo a la temperatura adecuada. Mantiene el agua y las diferentes substancias disueltas en ella en nuestro interior y a las concentraciones necesarias. La piel nos protege del ataque continuo de las bacterias y microorganismos del mundo externo. Y en los pacientes con Dermatitis Atópica, la piel les hace sufrir. Sufren porque es una piel dañada, una piel que no actúa como debería. Como si de un muro se tratase, el cemento y los ladrillos de la piel de los pacientes con Dermatitis Atópica son de peor calidad.

¿Por qué?

Aún tenemos dudas sobre por qué sucede la Dermatitis Atópica. Sin embargo, poco a poco vamos conociéndola mejor. Vamos aprendiendo y sabemos diferentes causantes de ella. Sabemos que la Dermatitis Atópica no sucede por una única causa. Por un lado, tenemos los factores propios del paciente, aquellos que se heredan. Dicho en otras palabras: los genes. Existen genes, como el gen de la filagrina, que cuando se encuentran alterados pueden dar lugar a una Dermatitis Atópica. Esto explicaría que, si un progenitor tiene o tuvo Dermatitis Atópica de pequeño, el riesgo de que su hijo nazca afectado es de 2 a 3 veces mayor que si no la tuviese. Si ambos padres están afectos, el riesgo es aún mayor, siendo de 3 a 5 veces más probable su aparición. De ahí que nuestros hijos puedan heredar la enfermedad.

Sin embargo, no todo se explica por los genes. No todos los padres que tienen Dermatitis Atópica tendrán hijos afectados y al revés. Sabemos que factores externos, como la polución, los ambientes secos, las sustancias químicas y el abuso de detergentes, entre otros, pueden empeorar o dar lugar a una Dermatitis Atópica. Sabemos que hay personas que, sin haber presentado Dermatitis Atópica de niños, inician síntomas al mudarse de país. Los países y regiones con mayor humedad, temperatura, mayor índice de luz UV y menor uso de calefacción presentan un menor porcentaje de Dermatitis Atópica. De ahí que pacientes que acuden de climas más tropicales que el nuestro empeoren al llegar y al revés, mudarse a climas más tropicales o con mayor humedad mejorará la dermatitis.

Existe un tercer elemento que entra en juego. La llamada hipótesis de la higiene. Sabemos que el sistema inmunitario – nuestras defensas – juega un papel central en la Dermatitis Atópica. La activación de determinadas sustancias involucradas en el sistema inmunitario puede dar lugar a los brotes de atopia en pacientes predispuestos y bajo un ambiente propicio. La hipótesis de la higiene hace referencia a la mejor higiene actual, lo que conlleva menor número de infecciones y menor actividad de una de las vías de nuestra inmunidad que puede dar lugar a una alteración del equilibrio inmunológico y favorecer la aparición de alergias y atopia.

En definitiva, no hay un origen de la Dermatitis Atópica, sino varios caminos que llevan a ella, eso hace que sea más complejo alcanzar un tratamiento definitivo y curativo.

¿Entonces, nunca se curan los pacientes con Dermatitis Atópica?

La Dermatitis Atópica, es como hemos dicho, una condición. Una situación crónica. Algo con lo que se debe aprender a convivir. El paciente diagnosticado de atopia sabe que siempre necesitará tener especial cuidado con su piel. Sin embargo, cuando miramos en números los pacientes con Dermatitis Atópica vemos que es mucho más frecuente en niños, alcanzando porcentajes de hasta el 20-25%. Por suerte, esto cambia en la edad adulta, y observamos como en los adultos solo un 2-3% de ellos tienen atopia. Vemos pues que la cantidad de personas con atopia disminuye de forma importante a medida que crecemos. Así pues, podríamos decir que la Dermatitis Atópica “se cura” o, si más no, mejora con los años. Una realidad que ofrece consuelo a los padres de estos niños.

“¡Que bien, podré dejar de usar cremas en mí o mi hijo!”

Es una realidad que muchos pacientes cada vez necesiten menos tratamiento. Sin embargo, existe un porcentaje de pacientes (entre un 10-30%) que seguirán teniendo brotes, incluso llegada la edad adulta. De ahí que no podamos bajar la guardia permanentemente. Es muy probable que cada vez necesitemos menos uso de corticoides tópicos o inhibidores de la calcineurina (tratamientos tópicos básicos en la Dermatitis Atópica). No obstante, las medidas básicas de cuidado de la piel son recomendables seguir llevándolas a cabo. Incluso en la edad adulta.

El uso diario de crema hidratante (emoliente corporal), el uso de jabones poco agresivos para la piel (como los jabones syndet), evitar los ambientes secos, la ropa de lana o el uso de suavizante en la lavadora, son medidas relativamente fáciles de realizar y recomendables de mantener en la edad adulta. Es importante, pues, que ya en etapa infantil el paciente coja conciencia y se implique en el hábito de cuidar su piel, manteniéndola hidratada y protegida.

¿Y mientras dure la Dermatitis Atópica?

En aquellos pacientes que tienen Dermatitis Atópica activa, que siguen sufriendo brotes y que ocasionalmente necesitan abrir el botiquín de cremas en busca de corticoides, es preciso mantener un tratamiento de mantenimiento. Este va a depender de cada caso, siendo en ocasiones suficiente el tratamiento con cremas emolientes, mientras que otros necesitarán del uso de tratamientos médicos ya sea en forma de crema, de pastillas o inyecciones.

Aunque la piedra angular del tratamiento de la Dermatitis Atópica es, como hemos comentado anteriormente, los cuidados diarios y las medidas básicas, en los momentos de brote suele ser necesario el uso de corticoides tópicos. La cantidad de aplicaciones, la duración del tratamiento y la necesidad de mantenimiento dependerá de cada caso y será prescrito por el médico, pediatra o dermatólogo. En ocasiones, algunos pacientes necesitan, especialmente en época no estival, el uso de ahorradores de corticoides tópicos como son el pimecrolimus y el tacrolimus en distintas pautas. Otros con mayor gravedad pueden necesitar tratamientos sistémicos en forma de pastilla, inyecciones o incluso el uso de fototerapia. En cualquier caso siempre deberá seguirse la recomendación del médico.

Siguiendo la pauta recomendada, evitaremos el picor, el cual conlleva al rascado y este, a su vez a más picor, cerrando un círculo vicioso al que es importante no llegar y que únicamente provoca la perpetuación del brote.

Así pues, hay que tener paciencia, ser persistentes y realizar un mantenimiento diario de nuestra piel basado en la hidratación corporal con cremas emolientes, el tratamiento preciso según la pauta prescrita y tener esperanza, pues la mayoría de los pacientes van a experimentar una mejoría a lo largo de la evolución.

La paciencia y la perseverancia tienen un efecto mágico ante el que las dificultades desaparecen y los obstáculos se desvanecen.

(John Quincy Adams, 1767 – 1848)

 

MAT-25547

Dr. Oriol Corral-Magaña
Médico especialista en dermatología
Hospital Universitari Son Espases. Palma de Mallorca

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